“Defender la humanidad, ese acto al mismo tiempo de reapropiación y de austeridad que no podemos ya demorar, exige el abandono de al menos cuatro ilusiones particularmente arraigadas en las conciencias de los izquierdistas europeos, moldeados como estamos, a cubierto de bombardeos e invasiones desde hace setenta años, en los privilegios del mercado, con su sucesión velocísima de juguetes nuevos y momentos históricos. La primera tiene que ver con la idea, muy propia de nuestra civilización, de que los europeos tenemos derecho asistir -a través de la televisión, naturalmente- al espectáculo de la Parusía o del Apocalipsis, incluidos según contrato en el programa de nuestra generación. Medimos los acontecimientos según el tiempo breve de las mercancías, que es también el tiempo cinematográfico de Hollywood, y queremos no sólo un desenlace feliz -o al menos heroico- sino que además se produzca en dos horas. Por eso los izquierdistas europeos nos movilizamos muy rápidamente, con mucha imaginación y mucho entusiasmo -como en las manifestaciones de antes de la guerra contra Iraq-, pero también nos cansamos enseguida, cada vez que descubrimos que la modestia de nuestras conquistas no es proporcional a nuestra autoestima y que la película se prolonga más allá de los formatos a los que estamos acostumbrados. Los cubanos, los venezolanos, los palestinos, saben que la lucha, que comenzó con Espartaco, puede durar varias -muchas- generaciones”
Santiago Alba Rico, Capitalismo y Nihilismo